Imagino que todos los padres recuerdan el momento en que supieron que tenían un hijo en camino, y sobretodo la primera vez que lo vieron en la pantalla del ecógrafo.
Aunque el final del embarazo fue complicado, el principio fue buenísimo, no tuve náuseas ni mareos ni grandes malestares. No me sentía embarazada la verdad, supongo que a todas nos pasa que aunque no te haya bajado la regla y el test salga positivo hasta que no vas al ginecólogo y te lo confirma no te lo acabas de creer.
Nuestra máxima preocupación era que hubiera algo alojado en mi útero y que estuviera vivo, la idea de que hubiera más de un habitante ni se nos pasó por la cabeza.
Así que cuando mi ginecóloga nos enseñó una bolita que palpitaba enganchada en la parte de arriba de mi matriz y nos dijo que todo estaba bien nos quedamos tranquilos. Al fin y al cabo poco más te pueden decir en la primera ecografía no?
Una vez confirmado que todo marchaba bien yo estaba contemplando esa manchita y maravillándome sobre el milagro de la vida, cuando la buena mujer movió el ecógrafo y soltó un 'uy y eso?'
Y al señalar la pantalla, justo debajo de la bolita palpitante, pero en el lado derecho se veía una protuberancia. Lo primero que pensé es que podía ser un quiste o un mioma, como os digo ni me planteaba la posibilidad de que fuera otro embrión.
A modo de respuesta, al hacer zoom sobre esa bolita resulta que también palpitaba.
Si os soy sincera no recuerdo mucho más a partir de ese momento, creo que le hice las preguntas típicas y salimos de allí como zombies. Mientras tomábamos algo en un bar cochambroso delante del hospital, y enviábamos la foto de los enanos por WhatsApp a las familias que esperaban ansiosas la imagen de rigor sólo podía pensar 'DOS, madre mía, DOS!' Miraba la foto de la eco y alucinaba. Y así en bucle durante un rato.
De hecho creo que estuvimos en shock un par de días.
Al principio cuando se lo contaba a alguien me sentía una persona horrible, una futura madre malísima. Y es que en lugar de saltar de alegría por los prados acariándome la (inexistente) barriga mientras me emocionaba con el increíble milagro de la vida que albergaba en mi interior (como un anuncio de compresas pero con cara de lobotomizada, una gran sonrisa bobalicona y la mirada perdida), sólo podía pensar que eran dos.
Si ser padre primerizo asusta, ser padre primerizo de dos bebés da más miedo todavía. No podía dejar de pensar en cómo íbamos a organizarnos. Cómo voy a dar biberones a dos a la vez? Cuando el padre vuelva al trabajo cómo lo voy a hacer? Seré capaz de cuidarlos bien? Cómo voy a dedicarles todo el amor y atención que necesitan si son dos!???
Y si cometía la osadía de expresar mi preocupación en voz alta, me sentía todavía peor porque, cómo no iba a estar contenta? Nena, que ya lo tienes hecho, de una tacada! Ahora sólo falta que sea la parejita y no te puedes quejar! (más adelante os hablaré de las manidas frases que suelta la gente a los futuros padres....).
Frikipapi iba al revés, no le preocupaba lo más mínimo, decía, cuando llegue el momento ya veremos. Y a medida que avanzaba el embarazo yo también iba aparcando mis temores a más adelante.
Y llegó el día y asi sin darte cuenta tienes dos bebés diminutos que dependen de ti, y no os voy a engañar, hay días y noches muy duros. De llorar de frustración, de desesperación, de no saber si lo estás haciendo bien. De cansancio, de sentir que no puedes más. Pero lo haces, y ves esos bichejos que te sonrien y piensas, no lo estaré haciendo tan mal no?
Así que futuros multipapis, tranquilos que se puede. Y compensa cada segundo.
sábado, 30 de diciembre de 2017
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